(Serie: Derecho y sociedad — cuando la norma toca la vida real) El problema no siempre es la ley. A veces, es el tiempo que tarda en cumplirse. La burocracia dominicana —esa maraña de oficinas, sellos, firmas y “venga mañana”— se ha convertido en un mecanismo de confiscación indirecta. No expropia, pero inmoviliza. No destruye con violencia, sino con espera. Y al final, el efecto es el mismo: el ciudadano…
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